Si algo está más de moda que nunca es el uso de computación en la nube. Últimamente no se lanza un solo producto que no esté: basado en la nube, integrado con múltiples servicios web, para todos tus dispositivos (próximamente tu tostadora), y por supuesto con funciones "sociales".

Que todo esté conectado a la red supone muchos beneficios para los usuarios, contar con las ventajas y comodidades de que todos nuestros aparatos se comuniquen unos con otros para adaptarse a nuestras necesidades y hacernos la vida más fácil, es parte del Internet de las cosas, y es el motivo por el que pronto ya no habrán cosas sin Internet.

Decir "la nube" es solo una manera bonita de vender servicios en Internet.

Hasta no hace mucho había que explicarle a la gente que era la computación en la nube, porque estábamos acostumbrados al disco duro, a la copia física, y a esa parte analógica que todos los que nacimos antes del nuevo milenio, aún llevamos por dentro. La nube es simplemente una metáfora para decir Internet. Que algo se base en la nube quiere decir que utiliza Internet para funcionar. Para el usuario, es simplemente un término que se usa para ofrecerle un servicio en lugar de un objeto. Si compras almacenamiento en la nube, estás comprando acceso a una cantidad de espacio en un servidor mantenido por una empresa, en algún lugar del planeta; en lugar de ir a la tienda y comprarte un disco duro. Ese servicio utiliza muchos computadores conectados a través de una red de comunicaciones, como la Internet.

¿Que tan seguro es guardar tus cosas en la nube?

Aquí aparecen dos preocupaciones de las que estoy segura solo sufrimos los de mi generación, quienes vivimos alguna vez en una época donde las cosas nos pertenecían de verdad, y acumulábamos cacharros y cacharros, y aún tenemos por ahí una cinta de VHS. Las generaciones actuales que no saben lo que es un Walkman, estas acostumbradas a pagar por servicios en lugar de objetos. Compras un iPod, bajas todas la música en lugar de comprar un CD o un cassette. Pagas por Netflix y ves lo que quieras, en lugar de coleccionar cintas de VHS, DVDs, o siquiera Blu-rays. Todo está en la nube.

En la nube no eres dueño de nada.

Pero, ¿que pasa si la nube falla?, ¿que pasa si un servicio cierra?, ¿que pasa si llega el apocalipsis?. La seguridad de lo que respaldes en un servicio de almacenamiento en la nube, pasa por la rentabilidad del servicio, si un día la empresa no puede sostenerse y el servicio cierra, tus archivos se quedan huérfanos, y toca buscarse otro anfitrión. Las compras digitales que hagas no se las puedes heredar a tus hijos, ni prestar a tus amigos, como si puedes hacer con el VHS de Duro de matar. En la nube no eres dueño de nada, solo estás rentando un servicio temporalmente.

Además, la nube no es un ente ente que vive en el cielo y funciona con magia. Se trata de equipos reales, cientos de miles de servidores interconectados, mantenidos día a día, con discos duros de verdad donde se guardan las copias de tus datos. Susceptibles a los mismos peligros reales del mundo físico, y pueden perderse, dañarse o ser robados.

Y he ahí donde viene mi segunda preocupación: la mayoría de los servicios populares de almacenamiento no cifran tus datos, y también se reservan ciertos derechos sobre ellos. Así que si vas a usar la nube para guardar tus archivos ten en cuenta dos cosas importantes: una copia física en un disco duro portatil no le hace daño a nadie, más si son cosas que valoras mucho y no quieres perder. Y, si vas a guardar datos sensibles, no utilices servicios que no ofrezcan cifrado de tus archivos, y que se reserven el derecho de copiar tus datos y quedárselos aún cuando cierres tu cuenta.