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Hace un par de años, salvo en aplicaciones web muy concretas, era bastante habitual utilizar Google Maps para insertar mapas en la web, marcar puntos de interés o aprovechar el API que ofrecían los de Mountain View para desarrollar aplicaciones basadas en la geolocalización. Sin embargo, tras años de uso de este API que, prácticamente, encontrábamos en cualquier lado, Google decidió dar un golpe de timón y cambiar la política de uso para cobrar por el uso del API a sitios web que generasen mucho tráfico. Ante este giro de la situación, ha habido un proyecto que creo que ha salido beneficiado de toda esta situación, OpenStreetMap; un proyecto colaborativo que ha sido adoptado ya por grandes actores del sector tecnológico: Foursquare y Apple en iPhoto para iOS.

OpenStreetMap es un proyecto, gestionado por una fundación del mismo nombre, que gestiona un sistema de información geográfica libre (se distribuye bajo licencia bajo licencia Creative Commons reconociendo la autoría) y totalmente editable, es decir, gracias a los colaboradores del proyecto, obtener un GIS con datos espaciales de libre uso y abierto a la ampliación de datos y la subsanación de errores. El proyecto surge para cubrir una necesidad que, hasta ahora, pocas administraciones públicas han solventado: ofrecer a los usuarios mapas cartográficos de manera gratuita, es decir, entendiendo que son un servicio público.

Teniendo en cuenta que muchas administraciones públicas gastan fondos en cartografiar su territorio (y en fotografías aéreas), es una pena que estos datos no se reviertan en los ciudadanos (precisamente, el movimiento OpenData trabaja en ese sentido) y sea necesario utilizar sistemas privados a los cuales el ciudadano accede pagando dos veces (una primera derivada del pago de sus impuestos para generar los datos y otra para acceder a éstos). Si los datos son públicos o se pueden conseguir mediante la colaboración, ¿por qué someterse al criterio de un tercero para poder usarlos?

Precisamente, estar sometido a la voluntad de un tercero es uno de los puntos débiles de Google Maps y su API. Si bien hasta ahora había sido gratuita, el cambio de política ha colocado contra las cuerdas a muchos servicios que habían basado su modelo de negocio en una tecnología que, de la noche a la mañana, requiere el pago de una licencia por su uso. Aquí es donde, precisamente, OpenStreetMap tiene una gran ventaja competitiva puesto que citando la autoría del mapa, éste puede ser utilizado libre y gratuitamente.

Personalmente, creo que iniciativas como OpenStreetMap (que cuenta con colaboradores muy activos a los que Foursquare se ha sumado y que también ofrece un API) pueden hacer temblar la hegemonía de Google Maps y hagan que este cambio de criterio no les salga tan bien como pensaban, máxime si las administraciones públicas se empiezan a animar y, de una vez, revierten en la ciudadanía los datos geográficos que han recogido. De hecho, creo que esa va a ser la tónica que vamos a ver en más de un servicio y las migraciones hacia OpenStreetMap no han hecho nada más que empezar.

Interoperabilidad, OpenData e independencia tecnológica, tres valores que diferenciales que harán que OpenStreetMap se convierta en un valor en alza y un oponente que Google Maps no debería perder de vista y que ha calado, además de en Apple y Foursquare, en páginas web como la de la Casa Blanca porque OpenStreetMap responde, precisamente, a los principios de independencia tecnológica que requieren las administraciones públicas.

Y si OpenStreetMap aporta independencia tecnológica a una administración pública, ¿por qué no colaborar con el proyecto aportando tus datos? Es una buena forma de cerrar el círculo.