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Anoche moría Steve Jobs, una de las grandes personalidades del mundo de la tecnología, un visionario que fue capaz de revolucionar y cambiar la industria, alguien que fue capaz de mirar siempre más allá y anticiparse a las necesidades del consumidor. Independientemente de si se es o no usuario de los productos de Apple, es justo decir que la compañía ha sido un referente en cuanto a innovación, diseño y desarrollo tanto de software como dispositivos, llevando sus productos a un nivel de excelencia difícil de superar.

Desde el punto de vista del software, las aportaciones de Steve Jobs pueden verse de múltiples ángulos pero, personalmente, creo que la búsqueda de la excelencia y la mejora continua son los dos principales factores que destacaría del modelo Apple. Un modelo que podría considerarse sustentado en 5 pilares fundamentales que han transformado el mundo del desarrollo del software y que pueden considerarse una referencia:

Más allá del catálogo de requisitos

No puedes preguntarle a los consumidores qué quieren y luego pretender dárselo. En el tiempo que has estado fabricándolo, ellos querrán una cosa nueva

Esta ha sido una de las claves de la excelencia de Apple. Steve Jobs impregnó sus productos de una visión a largo plazo que, al final, hacía que el consumidor se moviese en esa dirección. Recuerdo cuando se presentó el iPad y, al finalizar la keynote, leía comentarios que auguraban un gran fracaso al tablet de Apple, sin embargo, el tiempo ha demostrado lo contrario y hemos visto cómo el iPad ha calado tanto en el uso personal como en el profesional, el tablet es un dispositivo cada vez más habitual y, particularmente, el iPad lo podemos ver, incluso, como herramienta de trabajo de periodistas o políticos.

Normalmente, cuando abordamos un proyecto de desarrollo, intentamos cerrar con el cliente un catálogo de requisitos que vienen a cubrir las necesidades que nos ha comentado y que responden a unos objetivos (de negocio, estratégicos, etc). En el modelo de Apple, el catálogo de requisitos iba mucho más allá y, además de cubrir las necesidades actuales del usuario, pensaba en las necesidades futuras y si el usuario no las tenía, eran capaces de crearlas en éste.

El único problema de Microsoft es que simplemente no tienen gusto. No tienen ningún gusto. Y no me refiero a las pequeñas cosas, hablo de lo fundamental, en el sentido de que no tienen ideas originales y que no ponen demasiado conocimiento en sus productos

Diseño centrado en el usuario

Desde el Apple II, una de las máximas que Steve Jobs ha plasmado en sus productos es el especial énfasis en el diseño de éstos. Y ya no solo a nivel estético (donde también Jobs ha dejado su firma supervisando, incluso, el empaquetado y presentación final de los mismos) sino también en diseñar un software que fuese fácilmente utilizable, estéticamente perfecto e hiciese cercano lo más complejo:

Nuestro ADN es de una empresa de consumo, estamos hechos para un cliente que sabe diferenciar lo bueno de lo malo. Creo que nuestro trabajo es ser responsables por la totalidad de la experiencia del usuario. Y si no cumple sus expectativas, es totalmente nuestra culpa, así de simple

Hay una pauta que se comenta mucho en proyectos de desarrollo, el diseño centrado en el usuario, que muchas veces se olvida o se cae en el error de pensar que el usuario actúa igual que el desarrollador. Apple logró que los más lejanos al mundo tecnológico cayesen prendados de sus productos, los integrasen en su vida diaria y fuesen capaces de exprimirlos al máximo sin hacerles caer en la frustración de la complejidad. Interfaces sencillos, menús muy claros, la incorporación de gestos naturales en las pantallas táctiles, los gestos multitáctiles de los portátiles, backups automáticos; en definitiva, elementos que redujesen la brecha entre el usuario y la tecnología.

Conceptos tan asentados a día de hoy como el ratón, los directorios representados por una carpeta y otros pequeños detalles que han facilitado el manejo de algunos productos tecnológicos son el legado de Apple y su empeño de hacer fácil lo que muchos consideraban difícil.

El diseño no es solo la apariencia, el diseño es cómo funciona

La movilidad: ocio y negocio

Cuando se presentó el iPhone en el año 2007, Jobs dejó muy claro en su discurso que el iPhone sería una revolución ya no solo para el sector de la telefonía móvil sino para el mundo del ocio electrónico y los videojuegos. Creo que cuatro años más tarde, nadie tiene duda sobre el potente mercado de aplicaciones que se ha creado alrededor de los smartphones en general y alrededor de iOS en particular.

Comienza a ser mucho más normal ver a alguien en el tren o en el autobús jugando con el móvil que con una videoconsola portátil. En España, por ejemplo, el 90% de los desarrolladores de videojuegos trabajan para el segmento de los smartphones, una cifra que ilustra la situación que Jobs ya anunció en el año 2007. Pero no sólo de juegos vive el hombre, el mundo iOS ha posibilitado la aparición de servicios como Instagram, Viber o WhatsApp que, cada una en su campo, están transformando el mundo de la movilidad. Gracias al iPhone, el smartphone se democratizó y dejó de ser algo vinculado a la empresa o la gente más geek a convertirse en objeto del deseo de un espectro mucho más amplio que abandonó los móviles simples y se lanzó a abrazar móviles mucho más avanzados (independientemente de la plataforma).

Pero no todo es ocio, los negocios también se han visto tocados por la simplicidad del interfaz de iOS. Tanto el iPhone como el iPad son auténticas oficinas móviles en las que se puede configurar acceso a la agenda corporativa, acceder a una intranet, acceder al correo corporativo o, incluso, tomar notas en una reunión y sincronizarlas con el equipo de nuestro escritorio.

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La mejora continua y la reinvención del mercado

La innovación es lo que distingue a un líder de los demás

Creo que el calificativo que más he leído hoy para definir a Steve Jobs es el de visionario, alguien que buscaba la excelencia en la creación de productos que nadie más hacía. Apple nos ha acostumbrado a una renovación cíclica de sus productos que, siempre, estaban inmersos en procesos de cambio y mejora porque ningún producto, realmente, estaba terminado y, por tanto, siempre podía ser mejorado o actualizado.

Provocar la necesidad de compra en el consumidor es un "don" que no todas las empresas son capaces de conseguir. Intentar adivinar qué será lo siguiente que los usuarios querrán y lanzarlo antes que nadie, siempre ha sido parte de la estrategia de diseño de productos de la compañía. Una innovación dirigida no a la I+D o los avances científicos, sino que siempre ha estado centrado en la venta y en el consumo.

Muchas empresas eligen reducir su tamaño, y puede que eso sea lo adecuado para ellos. Nosotros elegimos otro camino. Nuestra creencia es que si seguimos colocando magníficos productos frente a los consumidores, ellos seguirán abriendo sus bolsillos

Liderazgo y supervisión de los proyectos

Todo proyecto de desarrollo debe contar con un director de proyecto que tenga en su cabeza los objetivos de negocio a cumplir y sea capaz de mover la maquinaria humana hacia la consecución de dichos objetivos. Jobs era un líder nato que tenía en su cabeza el camino que debía seguir la empresa y cada uno de sus productos.

Haz lo que amas

Toda la empresa giraba en torno a Jobs que era capaz de hacer encajar como piezas de puzzle cada uno de los subsistemas y componentes que formaban parte de sus proyectos de desarrollo. Cada pieza tenía clara cuál era su función y, sobre todo, su responsabilidad, no había lugar a dudas ni a ambigüedades, como las piezas de un reloj suizo que trabajan al unísono. Y si las responsabilidades quedaban claras, cuando sabes que el control de calidad final lo hace el máximo responsable de la empresa, cada miembro del equipo acaba dando lo máximo de sí.

La innovación no tiene nada que ver con cuantos dólares has invertido en I+D. Cuando Apple apareció con el Mac, IBM gastaba al menos 100 veces más en I+D. No es un tema de cantidades, sino de la gente que posees, cómo les guías y cuánto obtienes

El buen liderazgo es una de los factores que pueden llevar hacia la excelencia empresarial.