La verdad es que muchas veces algunas personas me han comentado su limitación a afrontar la migración a otro sistema operativo por su dependencia con una determinada aplicación. Esta situación que en muchos casos puede ser perfectamente soportable, para algunos usuarios se puede convertir en traumática si la relación con el sistema operativo en el que trabajan no es todo lo buena como fuera deseable.

Con el lanzamiento por parte de IBM de un cliente de escritorio multiplataforma que se podrá ejecutar en Windows y Linux, teniendo versión prevista para Mac, se pone en juego la idea de homogeneizar los entornos de los usuarios, independientemente del sistema operativo que utilicen. Un concepto que ya han intentado poner en juego varios servicios web con diferente grado de éxito.

Si a eso le añadimos soluciones como Wine, a través del cual los usuarios de GNU/Linux pueden ejecutar muchas de las denominadas Killer Apps diseñadas para Windows. Y por supuesto sin olvidarnos de las posibilidades de los sistemas de virtualización (Parallels, VMware, VirtualBox, …), entre los que ya existe la posibilidad de ejecutar aplicaciones de otro sistema operativo en una ventana independiente.

Seguramente todos sigamos teniendo las mismas preferencias con la evolución de estos proyectos, pero a buen seguro, que estos nos permitirán tener bien claras las razones de por qué usamos un sistema operativo y que la dependencia de un determinado programa no sea una de ellas.